Samil

Hoy hablamos de una de las mejores playas de España, o casi, porque las playas de Cíes estan enfrente. 
Aquí estamos en la de Samil, que también es una maravilla, a escasos 200 metros del agua, en un entorno apacible, atendido de manera espectacular por su propietario y con un añadido sencillamente genial: los fumadores podéis, si, podéis fumar en un entorno mas o menos decente, sin miedo a las pulmonías, las mojaduras y los malos aires, se puede fumar, legalmente, mientras cenas. La contrapartida que los no fumadores lo sufrimos, pero todo sea por darle un poquito de cancha a ese sufrido colectivo que últimamente está en el punto de mira de todos los políticos y eso es muy malo. Enseguida se sacan de la chistera una ley que grave, por ejemplo, la tenencia y disfrute de un mechero de plástico en el bolsillo y ya la liamos, todo el mundo con el Bic colgado al cuello, como un vulgar adefesio de Tyffany&Co.
Bueno, retomemos el hilo, que uno se escapa por los montes de la provincia de Jaén en un momentito.
Aunque el jueves santo no era día de partido, quizás el exceso de oferta en el sector del recogimiento hizo que encontráramos mesa sin problema alguno, alabado sea el señor, en la Parrillada Samil teléfonos 986243084 – 663843214, apenas un par de horas antes del momento fijado para sentarnos a disfrutar y es que con el cocido del mediodía no había mucho espacio para tonterías, pero ya se sabe, esto y el rascar todo es empezar, que decía mi bisabuela.
La carta es decente, sin espectáculos de luz y sonido que disimulen los defectos. Todo al natural, tal cual. Fuera de carta había la extensión marina de lubina, rodaballo, merluza y bacalao.
La mesa la componíamos 5 comensales y medio, con lo que la distribución de platos no era la mas consecuente con la normalidad, rematada la faena por el comentado cocido del mediodía y del que hablaremos a continuación de esta entrada.
Los primeros, para compartir, fueron empanada de pulpo muy decente, navajas con buen filo y bien puestas en la fragua, setas a la plancha con disquisición sobre el tipo de seta que nos pusieron en el plato y que al final, con la ayuda del propietario, acabo en empate, era boletus, pero de ahi no pasamos. Da igual, estaban bien preparadas, con una pizca de aceite que le sobraba, pero bien resueltas.
 En el campo de los segundos hubo para todos los gustos, alguien se decantó por un pollo picantón, otro de los comensales se decidió por un bifé en su punto, sabroso, pero con mucha sal, algo totalmente subjetivo, o sea, perfectamente valido.
Dos combatientes optaron por churrasco de cerdo muy bien presentado, cocinado de forma impecable y con un sabor muy logrado.  
 Completaron el cartel un bacalao a la brasa muy bien puesto y sabroso, y para el medio comensal, nuevamente, un plato de boletus, igualmente bien preparados que sobraron, yo creo que esta noche en vez de medio era 1/4 de comensal. No pasa nada que los demás lo aprovechamos dignamente.

Los postres un arroz con leche normalillo, fresas con zumo de naranja con un aspecto soberbio y una tarta helada. Los caféses y téses con mucho sabor, aunque la carta de tés estaba un poco raquítica, acompañados de las tres marias: crema de orujo, licor cafe y tostada a discreción para todo el mundo.
Todo lo antedicho, regado con cervezas, alguna copa de vino y agua, aparcamiento en el interior del recinto del local y diversos espacios con distintos ambientes, aderezado con una atención notable y una preocupación por el bienestar del cliente siempre presente, se traduce en 21 euros por persona. Aun en los tiempos que corren, un regalo que volveremos a disfrutar próximamente. Hasta entonces, cuidado con las espinas.

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