Na morada das parras


Aclaremos para los ajenos al idioma de Rosalía; na morada das parras se traduce al español por: En la casa de las viñas, lo cual, seguramente, nos querrá introducir en el terreno de los caldos autóctonos, pero la falta, por mi parte, de un mínimo de cultura etnologa, nos lleva a soslayar este tema y dejar en manos de expertos que los hay, muchos y muy buenos, ese apartado de la buena mesa, decantándonos en nuestro espacio por la fortaleza del tenedor y la cuchara ante la fragilidad del cristal.
Puesto sobre la mesa el concepto, avancemos en el descubrimiento de un espacio reciente, cuidado y escondido en el fondo del valle del Miñor. Un lugar donde tomar un café, rodeado de bambús gozando del clima de la zona, o sentarnos ante la contundencia de un buen plato en las distintas salas que posee el local.
El personal, joven, atento e inexperto, cumple de forma sobresaliente la falta de tablas con las ganas y la buena cara ante todos los avatares de la velada.
La carta, decente, no es una pecadora, para ello le falta la fortaleza de los grandes platos. 
Aquí vienes mas bien a tapear, a compartir, a tratar de pasar un buen rato delante de un plato bien                         presentado y mejor resuelto. La cecina resulto sobresaliente con un acompañamiento de aceite de calidad. Incluso la botella del zumo olivar es curiosa y muy limpia.

 Las ensaladas de bacalao y otra de langostinos, ricas ¿se puede decir algo mejor de un plato?
 Los revueltos bonitos y distintos, bien puestos.
Unas brochetas, pequeñas desde el punto de vista de un plato, pero no de una tapa, sencillas.
Unas patatas rellenas de carne muy bien resueltas y presentadas.
Quizás el plato estrella de nuestra mesa fue una especie de hamburguesa con la salvedad de estar hecha en una bolla de pan de pueblo, del de verdad, y en el interior, después de vaciar parte de la miga, un relleno de chorizo, huevos y patatas cuadradas, todo frito y en su punto lógico. Una sorpresa en la que todos los contribuyentes de la mesa, mojamos y nos relamimos sin pudor, a fondo, hasta que no dejamos ni la mas pequeña miga que le pudiera servir a Pulgarcito para guiarse a través del bosque. Mejor, que podría pretender compartir mesa y mantel.
  

 Este es el bocadillo de que hablamos en el texto
 
 
 Los postres decentes, sin mas
Las San Amaro son previas, en una cervecería de Cabral (Vigo). Tenemos que tomar carrerilla pero cuando tengamos velocidad de crucero abordaremos el mundo de la cerveza, desde una óptica de critica constructiva. En este aspecto, en la mesa no hubo mas que una copa de vino blanco y las cervezas habituales. Los cafés en su sitio y el acompañamiento de los aguardientes típicos del fin de fiesta que salió por unos 20 euros por cabeza. Volveremos con mas críticos. Tiembla, casa de los vinos. 
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