Rojo

Ya ven, estamos a día 20 de junio y yo poniendo en marcha un post del día 20 de mayo que hace referencia a una comida del día 17 del mismo mes. Perdón por el retraso, pero las vacaciones es lo que tienen, nos absorven el tiempo y el cerebro de tal manera que hasta nos olvidamos de ustedes. Perdón, perdón y mas perdón, es lo único que se nos ocurre, pero como ya no tiene remedio, vamos allá, que cuanto mas tardemos mas se nos enfadaran y después nos sienta mal la comida.
Hoy, aunque lo parezca, no hablamos de colores, hablamos de un apellido con renombre en el coto gastronómico de la ciudad de Vigo, hablamos del restaurante Rojo, en los alrededores de la Gran Vía, ya en la cercanía de la Plaza de América, próximo a la iglesia de santo Tomé de Freixeiro, se halla un local con comedores con una capacidad para unos 50 comensales además de la terraza trasera, tranquila y bien cubierta por las parras que comienzan a asomar los amagos de uvas en sus ramas bien alambradas para conseguir una solución de sol y sombra reforzada por las consabidas sombrillas, que ya se sabe, en el sur el sol aprieta y mucho.

A pesar de que la hora de comer las personas decentes ya había pasado, nos atendieron igualmente, un personal joven, amable y con ganas, tan solo destacan las canas del propietario tras los fogones.

El comienzo nos trajo unos calamares esplendidos, un pulpo a feira con patatas, ¡Jesús! que manía de rellenar el plato para que parezca mas de lo que es. En fin, estaba bueno el pulpo y estaba muy buena la patata. Los pimientos de padrón, o como se diga ahora, llegaron para convencer, acompañados por la ensalada, de la de verdad.

Para entrar en materia ya de forma mas contundente los seis tragadores nos decantamos por lo siguiente: hubo lenguado, también rape, incluso rodaballo, dos de sargo a la cazuela, maravilloso, doy fe, y la nota discordante la dio el del cordero guisado, eso si, con un aspecto inmejorable y según noticias recibidas un sabor en consonancia con el aspecto. Se salvó porque estaba en Rojo. El chiste no es bueno, pero al menos lo intentamos.

El carnicero se decantó por este precioso plato



 

El sargo fue de lo mejor de la comida, aparte la compañía, claro
Hubo los ya habituales refrescos, aguas, cervezas, unos postres decentes y hasta aquí puedo leerles. El resto queda a su imaginación, o mejor, vengan a comprobarlo personalmente, saldrán satisfechos.
Natural, casero y rico

El arroz con leche tiene admiradores recalcitrantes

La fiesta final se soluciono con, escasamente, 30 euros por cada una de las seis cabezas (y cuerpo).
Que lo disfruten con parsimonia.
Por cierto, existe delante de la puerta del local un aparcamiento propio del restaurante, que se agradece sobremanera, aunque este se halle en un tranquilo callejón.

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