O Croque

Hoy nos ponemos serios y hablamos de Comer con Mayúsculas. Siempre tiene que haber algo que reduzca el tamaño de los textos, pero el resultado sigue siendo espectacular, se mire con el ojo que se quiera ver.
Hablamos de un restaurante básico en el organigrama de Vigo. Tan solo la gestión del espacio resulta deprimente para el visitante.
Un comedor instalado en el Museo do Mar de Vigo, teléfono 986247693, ubicado en las instalaciones del antiguo matadero municipal de Vigo, en Avenida Atlántida, 160.
El recinto, al que se accede por una terraza en el lateral izquierdo de la segunda nave del Museo do Mar, está escondido. Realmente hay que ir a buscarlo para encontrarlo, y en la búsqueda nos dimos un encontronazo con una terraza y salas vacías un martes a la hora sacrosanta de la comida, cuando, en un día no demasiado abierto al mar  pero en el que se disfrutaba una temperatura perfecta para comer en el solado habilitado el pasado año, tendríamos que estar pensando ¿quien se marchará? por no tener un sitio en uno de los ventanales que dan sobre la playa do Cocho y en cambio todo el local estaba a nuestra disposición.
Al final como no hay mal que por bien no venga esto nos lleva a pensar en anteriores comidas en este mismo restaurante donde alguno de los comensales con obligaciones vespertinas tuvo que abandonarnos antes de la llegada del primer plato por la parsimonia del conjunto de los servidores de O Croque, al menos en aquel, y algún otro, para nuestra desgracia, día, algo que para nada tuvimos que sufrir hoy. También es cierto que si hubiera ocurrido tal suceso, el tema seria para trasladarlo ante los funcionarios de Justicia.
Bien entremos en faena y para ello avisemos que los tres comensales, casualidades de la vida, tampoco esta vez pedimos vino. Como la bodega de San Amaro existente en anteriores ocasiones había desaparecido, nos tuvimos que decidir por San Miguel Selecta y pocas mas variantes nos fueron ofrecidas.
Nos pusieron un aperitivo con unas pequeñas tostas de pan casero con un paté de sardina con un sabor a mar demasiado acusado.
Para adornar el centro de la mesa y tratar de comenzar con buen pie, pedimos una empanada de merluza con grelos y piñones que estaba muy apetecible de sabor pero un poquito aceitosa la masa de la tapa inferior y unos mejillones en escabeche que eran una autentica delicia. Los croques (berberechos), plato estrella del restaurante, no están en época y habrá que volver en octubre para poder chuparnos los dedos.
La empanada muy bien elaborada, pena de ese aceite de mas

Hai que mexilons¡¡¡¡¡¡¡
Faltaba el sargo de la carta por lo que nos decantamos por un peixe sapo (rape) con un arroz con cogumelos un poco insípido y pescada (merluza) a la gallega. En ambos casos y como la cruz no elimina las alabanzas, un producto espectacular, bien presentado y mejor servido.
La merluza, de verdad

El rape tiene sus seguidores, entre los que no soy el mas acerrimo
En los postres hubo de todo, un chocolatero se fue por los caminos trillados, el otro comensal caminó con la tarta de queso al lado y una copita de un vino espirituoso y el tercero optó por una copa de champán con fresas acompañado de un Ochoa blanco lo que suponía una nueva forma de ofertar el maridaje entre los postres y los acompañamientos que les casan.
Una sana forma de no pensar y dejarse aconsejar. El resultado de notable alto en la sobremesa.
                                                                     

Lo mismo podemos decir del resto de la cocina y del servicio, si nos relajamos con la falta de llamada del arroz del rape, en su punto por otra parte. Tan solo la falta de preocupación por hacerse notar en el ambiente gastronómico de la ciudad nos hace preocuparnos a nosotros por el futuro de un restaurante con tan buenos mimbres para hacer una nasa perfecta.
Tengamos en cuenta que estamos en el Museo do Mar, en Vigo.
El toque de atención final es para la falta de una cerveza de un nivel aceptable, pues de la bodega vinícola no hablaremos hasta que estemos acompañados por quien domina, y mucho, el mundo de las vides que después los lectores se nos enfadan y eso es lo único que no queremos, que para eso estamos sentados ante un buen plato de comida aunque hoy habría que decir, mas bien, de vigilia, así también contentamos a los mas religiosos, pues hacer vigilia sin ser viernes tiene que llevarnos, casi, casi, al mismísimo cielo, aunque la gula también esté por medio. Nosotros de eso como ya avisamos al principio nada de nada, a pesar incluso, de que entre los comensales había alguien de la zona de Riveira con un diente acostumbrado a los sabores del terruño y, esta claro, eso incluye, las sopas de cabalo cansado y algunas delicatesen mas de aquellos tiempos que para nuestra desgracia, seguramente, ya no volverán.
La fiesta salio por unos 40 euros por dentadura.
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