Atrio, cerca de la cumbre

Tan solo hay dos menús ¿para qué más?

Tan solo hay dos menús ¿para qué más?

Atrio, más cerca de la cumbre

Es duro el camino hacia la cumbre. Dicen los montañeros. Opino yo que, muy posiblemente, tengan razón.

Comencé el mío particular, hace ya algunos años y, gracias a dios, te alabamos señor, aún no lo alcancé.

Y digo que menos mal que aún no llegué, pues esta, la de la penitencia mientras subes, el pensar que nunca llegarás, cuanto te queda por sufrir o disfrutar, según se mire, es la forma correcta, o al menos es mi idea para alcanzar la perfección, pensando que, siempre te queda un paso por dar para eso, ser perfecto, aunque tan solo sea admirando lo que los demás hacen.IMG_20150615_143546 IMG_20150615_144550

Viene al caso lo que os cuento, o mejor dicho divago, pues tras las incursiones en el campo perteneciente a “O Retiro da Costiña”, pensaba yo que ya estaba en la cima del sabor, del Placer con mayúsculas, referido, claro es, al mundo culinario que de los otros hablaremos en otro momento y lugar. No vaya a ser que acabemos mezclando merinas con churras y bajemos el listón.

Bueno, pues habíamos alcanzado, como digo, alguna de las más importantes cimas del sabor gallego y tocado algunas cosas fuera de esta rica región, pero sin sobrepasar, al menos exageradamente, el listón ya establecido.

Hasta el pasado lunes 15 de junio.

Debido a cuestiones de trabajo, debí desplazarme a tierras extremeñas, pasando un par de días en la exportadora de luchadores Trujillo, para como señalo, pasar el lunes 15 un día de asueto que le debía a la ciudad de Cáceres desde los años 70. La verdad que quedé gratamente sorprendido por la belleza que destilan sus calles y monumentos, pero, esto también, dará para otro post posterior.P1010833 IMG_20150615_143708 IMG_20150615_144211 IMG_20150615_145121 IMG_20150615_150122 IMG_20150615_151116 IMG_20150615_152122

La cuestión es que, una vez en Cáceres, te encuentras referencias continuas a la presencia de Atrio Resort Hotel. Y no necesitas ser muy avezado en cuestiones gastronómicas, para relacionar a Atrio con el cielo estrellado de Michelin y a Cáceres como la única urbe en toda Extremadura que ostenta tal honor.

Al aire pillamos la oportunidad de catar la mezcla de Extremadura con los soplos renovados de la cocina de autor, aunque en este caso, el tal conserve sus raíces bien clavadas en su tierra, la cacereña.

Y puestos al tajo nos desplazamos hasta la parte alta del maravilloso casco antiguo de Cáceres y pegadito al Parador Nacional nos encontramos con el hotel Atrio, que, en sus interiores, además de un número muy limitado de habitaciones, nos regala un salón con capacidad para unos 50 comensales, adjunto a una despampanante cocina que nos enseñan orgullosos al final.

En la planta inferior se encuentra un abrumador muestrario de la inmensa bodega creada, con pequeños pasos, por José Polo, aunque, en la actualidad, según nos comentan en la visita para abrir boca, se llena con 45.000 botellas de más de 1.800 referencias. Todo un logro, donde cada uno abrirá los platos como ojos, con un detalle distinto, pero que yo, no los abro, si no que hasta rompo mis ojerosos platos ante el precio de 120.000 euros que, al parecer, puede alcanzar una sola botella de Château d’Yquem que José y Tono adquirieron, según cuenta la leyenda, en una subasta londinense por 20.000 euros pero a la que las circunstancias y un reparado accidente convirtieron en la joya (económica) de la corona cacereña del Atrio.

Como de estos detalles nos enteramos a posteriori de la visita, no pude confirmarlo de primera mano, pero pese a que las cifras pueden variar con mucha facilidad, si que parece confirmado lo de la subasta y el viaje de Cáceres a Burdeos en busca de una solución para una botella rota con 20.000 euros de vino en su interior.

Los postres superiores

Los postres superiores

P1010838 P1010843

Pues como los comensales de este día somos cerveceros ya bautizados y también confirmados, tampoco le dimos más importancia a la bodega que la que nos transmitió el sumiller que, amabilísimamente, nos acompaño al círculo perfecto que conforma el refugio de las botellas en la planta -1 del hotel.

Si que nos preocupamos de lo que íbamos a beber y, además del agua, nos inclinamos ante una Affligem triple fermentación de 75 cl que, a nuestro parecer, era lo más destacable de una bodega cervecera claramente insuficiente para un biestrellado espacio Michelin.

En la carta de Atrio nos encontramos con, tan solo, dos opciones, un menú que ellos denominan “de siempre” donde se reflejan los platos más recordados, bien por el restaurante, bien por la querencia de los comensales que, nos comentan, siguen reclamando ciertas propuestas de Toño, y la otra que llaman “menú degustación 2015” en el que se ven reflejados los últimos pensamientos culinarios del alma mater de los fogones de Atrio.

Yo creo que la bodega no tiene ni nombre pues sin palabras te quedas al verla.

Yo creo que la bodega no tiene ni nombre pues sin palabras te quedas al verla.

Como nuestra elección nos llevó por el lado de los recuerdos con el “menú de siempre”, es sobre el que podríamos opinar pero pensamos que lo mejor es que cada uno de los visitantes exprese su grado de satisfacción para resumir su estancia en el casco antiguo de Cáceres.

Digamos finalmente que cuando venimos, últimamente, de buenas experiencias en restaurantes como Arbore da Veira (A Coruña, C), El Silabario (Tui, Po), Novo (Ourense, Ou), O Retiro da Costiña (Santa Comba, C), Ikarus y Carpe Diem (Salzburgo, A), nuestra llegada a Cáceres nos sorprendió por el nivel de la cocina, con unas mezclas de sabores perfectamente armonizados para que nada destacara si el chef no lo quería así, un servicio impecable y una atención esmerada que superó ampliamente, por ejemplo, el listón que en atención había puesto a una gran altura Ikarus, el restaurante de Red Bull en Salzburgo, donde probamos una buena muestra de cocina india en el mes de febrero de este 2015.

¿Sorpresas? Agradables unas cuantas durante la comida. ¿Reseñable? Casi todo, pero como mis escasos lectores suelen reprocharme la extensión de mis escritos, esta vez vamos a dejar la miel en los labios durante un buen rato y apreciemos, todos juntos, la excelencia que nos brindó Atrio. Un regalo para los sentidos.

En definitiva, Atrio pasó con una gran nota el examen de acceso al cerro del Olimpo, así que, al menos hasta nuestra próxima visita a la capital extremeña, lo dejamos ahí, reposando en alguna de sus habitaciones o buscando botellas por el mundo adelante.

Puede ser que hasta encuentre alguna de cerveza digna de mención o de, ojalá, un viaje a la Extremadura más bonita que hemos visto en bastantes años y a donde estamos deseando volver desde ya por obra y gracia de los fogones de Toño y el buen hacer de todo su equipo.

La visita a la cocina al final de la comida, impagable.

Como aspecto muy negativo, a falta de algo de más relevancia, colocaría la falta de un espacio de solaz y desagravio digestivo, al estilo del que nos ofrecen otros sin tantas estrellas pero ¿más cercanos a la tierra?

No creo que arrojarte al frio y húmedo, o caliente y seco que da lo mismo, espacio exterior sea la mejor solución a una maravillosa comida.

Aleluya hermanos, loado sea Cáceres y bienvenidos a la cumbre (o cerca le andamos).

A %d blogueros les gusta esto: