Bocarte, Alcabre

Probamos, por fin, el nuevo restaurante Bocarte de Luscofoodsco CB o, lo que es lo mismo y dicho con otras palabras, RuxeRuxe en las instalaciones que, hasta hace unos días, regentaba la propiedad del hotel Pazo Los Escudos en el vigués barrio de Alcabre en el interior de este emblemático palacio de los años 40 del siglo XX, reconvertido en hotel de cinco estrellas en la principal urbe gallega desde el ya lejano 2005.

Una antigua imagen del pazo, posiblemente en los años 50-60 del siglo pasado

Una antigua imagen del pazo, posiblemente en los años 50-60 del siglo pasado

Sin postre pero no sin el cariño de la cocina

Sin postre pero no sin el cariño de la cocina

Otra vaca

Otra vaca

Navajas a la brasa

Navajas a la brasa

Paté de pulpo

Paté de pulpo

La dieta post verano no perdona ni las bebidas

La dieta post verano no perdona ni las bebidas

El nombre del hotel, original donde los haya

Se estrujaron el cerebro con el nombre del hotel. Por decir algo, claro

El restaurante, con un personal totalmente renovado, al frente del cual se haya Carlos Barreira, que, con dolor de corazón “abandonó” a Gerson a su destino en el siempre fresco y nuevo RuxeRuxe de la calle México, también en la ciudad viguesa,  donde ambos iniciaron la labor de empresarios y donde los dos continúan en esa actividad pero con mayor responsabilidad para cada uno al dividirse y ser causantes en los fogones de su respectiva criatura, bien en el centro de la ciudad, bien en la zona de las playas urbanas del municipio que tanto monta.

Fuimos muy atentos, pero condicionados por el final de las vacaciones y la necesaria contención para, tras el estío, no tener que cambiar necesariamente, el fondo del armario completo incluyendo las puertas y los tiradores, y tratar de dejarlo solo en un temor a lo que pueda pasar con la época de los cocidos y las castañas, ya próxima, en la región gallega.

Así que, una vez convencidos de que la carta no nos iba a tentar y que solo tomaríamos un pescado a la plancha para empezar a catar en pequeños sorbos, nos encaminamos a la Avenida Atlántida viguesa para, sorprendidos por el despliegue de las instalaciones del cinco estrellas, decidirnos por una de las terrazas dada la bonanza que respirábamos en los jardines del hotel y la maravilla del tiempo que disfrutamos.

El necesario e imprescindible actuario monástico de frugalidad nos obligó a prescindir de espirituosos previos, charlas amenizadas por los caldos preparatorios de la bodega y demás lindezas puestas a nuestro alcance y dirigirnos directamente a la mesa donde acompañados de agua (la penitencia del pecado veraniego), probamos unas navajas (de dieta claro está) soberbiamente aderezadas y preparadas con maestría para seguidamente optar ambos comensales por un costillar de vaca aderezado con unas verduras preciosas y lucidas que Fernando cocinó expresamente para nosotros en detrimento del pescado que adornaba la lustrosa carta y nuestra imaginación previa.

Es claro e innegable que habrá que romper el retiro monástico para la siguiente visita a la feligresía de Santa Baia pero sirva esta pequeña aproximación como precursor de las excelencias que nos podremos encontrar, en los próximos días sin que nuestro nutricionista se entere.

Y todos tan felices. Nosotros disfrutando y él en la ignorancia que da la inocencia contenida.

Amén hermanos. Id y disfrutad que el imperio del mal está aquí.

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